Con capuchino en mano, en medio de un café bohemio en Malasaña, suena al fondo la música de Manu Chao pero yo intento sin luchar dejarme llevar por el ambiente que me rodea. Personas, objetos, animales y olores forman parte de este cuadro único que me arrastra a lo más profundo de sus cojines.
A mi lado derecho se sentó un hombre con las piernas encima de los brazos de la silla, él intentaba hacer malabares para cerrar la puerta del local para que no entrara el frío de la calle, y a la vez se tomaba un café con leche, saboreaba un pastel de chocolate y leía unos apuntes.
Por mi lado izquierdo una pareja dialogaba mientras el se comía una tarta de zanahoria con una batida de frutas y ella se llevaba a la boca la taza de café caliente entretanto acariciaba la cabeza de su perro que se dejaba ir en un viaje de placer.
Unos padres en una esquina trataban de tomarse un café mientras su pequeña hija todavía no entendía porque había que permanecer sentado cuando era más divertido correr por el lugar. Dos chicas discutían al elegir el sabor del té que se iban a tomar, al final una de ellas se decidió por un capuchino.
Frente a mi un muchacho dialogaba con una chica, quizás se contaban sus secretos e intimidades o eso era lo que expresaban sus caras. Ella tomaba café y el una cerveza.
El lugar se llama “Lolina Vintage Café”, lo de Lolina no se porque es, tampoco le di mucha importancia, quizás la dueña se llama o le dicen así. Pero lo de vintage lo lleva muy bien, es bastante obvio.
Quiero hacer la salvedad que vintage no es lo mismo que antiguo, ya que cuando nos referimos al termino vintage lo estamos utilizando porque son objetos o piezas de calidad que tienen cierta edad o representaron cierta exclusividad, diseño, materiales entre otras cosas únicos en una época.
Las paredes están cubiertas por un empapelado retro con patrones verdes y amarrillos, parece que estás en la casa de la serie televisiva That 70’s show. Cada silla, mueble, mesa es diferente de la otra, pero todas igual de vintage, al final se encuentra el mostrador que es atendido por tres chicas.
Algunos de nosotros escribimos, otros estudian, leen, hablan pero creo que el motivo principal es resguardarnos del frío y la niebla que se apoderó anoche de Madrid.
La puerta de entrada está averiada y cada vez que la abren para entrar o salir, a los clientes se les olvida cerrarla o simplemente no son concientes de que la puerta está defectuosa y entra un frío que paraliza hasta el más fuerte.
El lugar es muy acogedor, pero el barrio donde se ubica mucho más, cada uno de nosotros es diferente, venimos de diferentes lugares, incluso los mismos españoles que se encuentran ahí la mayoría no son de Madrid, pero lo importante es que todos de una forma u otra coincidimos en el mismo lugar.
Escucho en el fondo la música de Coldplay, específicamente el tema de Viva la vida, esa canción me gusta mucho y me trae muchos recuerdos, pero no se porque recuerdo el viaje a California en el 2009, y concretamente el camino de Los Ángeles a San Francisco.
Me salí un poco del tema, aunque en realidad nunca existió un tópico en concreto, desde que comencé a escribir fue tema libre, más que nada era ver, sentir y experimentar todo lo que hay a mi alrededor, y dejar volar mis sentimientos y emociones.
Ya que me fui, sigo con la música y los recuerdos, ahora suena la canción Every you, Every me, del grupo Placebo la cual me recuerda la película Cruel Intentions. Siempre quise ser como Sebastian, vivir en una mansión en el medio de Manhattan estudiar en un colegio donde el uniforme requiriera chaqueta y corbata y manejar un Jaguar XK, Roadster a los 16 años. Que ingenuo e inmaduro era, ¡la vida no puede ser tan superficial!
La gente sigue entrando y saliendo y con ellos y ellas el hilo de frío que azota desde la Calle Espíritu Santo. Unos entran acompañados, otros solos, pero insisto que todos vienen en busca de algo caliente para evitar las bajas temperaturas propias de esta temporada.
Vuelvo a la música, me gustan mucho los temas que están sonando, se escucha desde rock hasta reggae. A veces me confundo y no se si estoy en Madrid o en un café de Londres, Seattle, Buenos Aires o San Francisco, pero se me olvida que esto es una gran metrópolis y aquí todo puede suceder.
Sigue entrando la gente, el lugar está abarrotado, una de las camareras grita: “aforo completo”, y los que estaban esperando comenzaron a salir. Por un momento se movió la libreta donde escribo y saltó el boleto de la última película que vi cuando vivía en Puerto Rico, One day, no se que hacía ahí, no recuerdo llevar el cuaderno al cine, no sabría como escribir en la oscuridad.
La película la vi con mi prima Paloma, quién debía haber llegado hoy a Madrid, pero como la niña pensó que el mejor momento para verificar la vigencia del pasaporte era en el aeropuerto fue ahí cuando realizó que éste se había vencido hacía dos días. A ver cuando puede llegar ahora, quizás ¡one day!.
A mi lado se sentó una muchacha que rápidamente comenzó a hablar con el malabarista que trataba de cerrar la puerta cada vez que la abrían. Él le dijo que era de Berlín y que estaba de vacaciones en Madrid, ella es de Israel, no alcancé a escuchar la ciudad y está estudiando aquí. Terminaron hablando de religión, no se porque pero cada vez que conocemos a alguien del Medio Oriente el tema religioso sale a relucir, total al final todos estamos rodeados de alguna creación divina.
Voy a cerrar el cuaderno un rato, aquí me quedaré escuchando, oliendo, y observando todo lo que me rodea mientras poco a poco voy tomando a sorbos mi segundo café.
Creo que lo más importante de este ejercicio es darle la oportunidad a lo que la vida te ofrece, nunca cerrar los ojos, disfrutar de todo lo que tienes y esperar el futuro con euforia, ya que sino estás contento contigo quién lo estará por ti.
¡Un brindis a tu salud!

Me encanta lo gráfico, casual, atemporal y fresco de este relato. Me entusiasmas a tomarme un café, pensar, imaginar y crear.
ResponderEliminar¡ ¡ ¡ S a l u d ! ! !